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Camino sobre terraplén en el bajo Chaco paraguayo, con palmares a ambos lados
Insights · Preparación de licitaciones

Cómo reducir el riesgo
al preparar una licitación

Una exigencia escondida en la sección de informaciones adicionales valía el 16% de la oferta.

Insight #2 23 de julio de 2026 5 min de lectura

El pliego de una licitación internacional exigía proveer una camioneta cero kilómetro con seguro y combustible por doce meses, dos estaciones de trabajo y equipos topográficos. La exigencia estaba en la sección de informaciones adicionales. Fuera de los términos de referencia, fuera del cuadro de precios: en una sección que casi nadie cruza con el presupuesto.

Costear ese renglón representó el 16% del monto de la oferta.

Una propuesta que llega a la mesa de evaluación sin esa partida compite con un número al que le falta la sexta parte. Y el pliego estaba en regla: la exigencia estaba escrita, con todas las letras, en el lugar donde nadie la busca.

Apareció porque el pliego se leyó entero.

El problema

Por qué eso es difícil

Preparar la documentación de una licitación pública internacional es de los trabajos más caros que enfrenta una consultora, y el costo es de personal y de calendario.

Hay que leer el pliego completo y sus adendas, que suelen modificar reglas de fondo. Cruzar cada requisito de calificación contra los antecedentes de la empresa. Armar los formularios técnicos y financieros en el formato oficial. Costear el servicio con la estructura de personal que el pliego exige. Y sostener la coherencia entre piezas que se cuentan por decenas y se tocan entre sí: mover una tarifa cambia el precio, la dedicación por profesional y tres formularios.

Contra ese volumen, el calendario de presentación empuja siempre en la misma dirección. Se prioriza. Se muestrea. Y lo que queda sin leer es, por definición, lo que nadie sabe que se perdió.

El método

Cómo lo resolvemos

La mayoría de las organizaciones que ya usan inteligencia artificial empezaron por un asistente genérico: redactar un documento, resumir una reunión, responder una consulta puntual. Son herramientas útiles, pero rara vez cambian la forma en que la empresa trabaja. El salto está en convertir una herramienta en una capacidad operativa: procesos definidos, criterios de decisión escritos, responsabilidades claras y mecanismos de validación.

En DG Ingeniería lo aplicamos a la preparación de licitaciones. No usamos un único asistente que intenta resolver todo. Desarrollamos un equipo de especialistas asistidos por IA, y la arquitectura tiene una decisión de fondo.

Cada especialista cubre una porción acotada del trabajo, y solo esa.

Unos analizan pliegos y adendas. Otros verifican requisitos de calificación. Otros revisan la consistencia entre formularios, identifican riesgos técnicos o apoyan la elaboración de los modelos de cálculo. Y ninguno decide: la resolución de entrar a una licitación, con qué precio y qué se firma, es siempre de una persona.

Esa separación es la que permite barrer el pliego entero en vez de muestrearlo, con criterios consistentes, sin que el criterio de ingeniería se diluya al cubrir más superficie. La herramienta acelera la lectura. Lo que decide qué mirar, y qué significa lo que aparece, es el criterio.

El caso

Lo que aparece cuando se lee todo

En esa misma licitación, además del renglón de la sección de informaciones adicionales:

Las adendas habían dado vuelta la estrategia de precio

Dos adendas cambiaron la base de cálculo de todos los umbrales de calificación: pasaron de porcentaje sobre el monto ofertado a porcentaje sobre el monto estimado del llamado. Eso desacopla el precio de la calificación, y ofertar bajo deja de aflojar los requisitos de capacidad. Quien costeó sobre el pliego original costeó sobre reglas vencidas.

El emplazamiento tenía un problema que el pliego no mencionaba

El sitio estaba en el bajo Chaco, con un dique costero de por medio. Los suelos dispersivos fallan por tubificación, y los ensayos mecánicos convencionales no los detectan: hace falta un paquete específico. Los términos de referencia no lo pedían. El barrido de riesgos del sitio sí.

El pliego se contradecía a sí mismo en siete puntos

Presentados como consultas formales ante el convocante antes de la presentación. Una frase truncada dejaba en cero puntos a seis especialistas del plantel propuesto.

Ninguno de los cuatro hallazgos salió de leer más rápido. Salieron de leer todo.

La ventaja

Qué recibe el cliente

Más que ahorrar tiempo, este enfoque permite entregar una propuesta más completa y con menor riesgo. Y quedan dos cosas que se llevan puestas después de la entrega.

Documentación completa

Los formularios se arman sobre el archivo oficial del pliego, con el barrido de exigencias hecho sobre el documento entero.

Planillas trazables y modificables

El costeo vive en un modelo de cálculo único, con las hojas espejo de cada formulario oficial tirando del mismo motor y controles cruzados que se verifican solos. Cuando hay que mover una tarifa, un plazo o una dedicación, el modelo recalcula la cadena entera y muestra dónde impactó. El entregable sigue siendo un instrumento de trabajo después de presentado.

El contexto

Lo que separa a los que lo logran

Barra apilada con la partición de madurez en IA según BCG: 5% obtiene valor sustancial, 35% escala y ya genera valor, 60% con retorno todavía marginal.
La partición completa del estudio de BCG. El tramo del medio es el que suele quedar fuera del gráfico.

La mayoría de las empresas ya experimentaron con inteligencia artificial; muy pocas la convirtieron en ventaja. El estudio Build for the Future de BCG, sobre 1.250 ejecutivos, encontró que solo el 5% obtiene valor sustancial. El dato que suele quedar fuera del gráfico es el tramo del medio: un 35% que ya está escalando y empieza a generarlo.

Un working paper de Humlum y Vestergaard, publicado por el NBER sobre 25.000 trabajadores, explica por qué el resto se queda afuera. En las mismas ocupaciones, los ensayos controlados documentan mejoras superiores al 15%, mientras la adopción espontánea rinde 2,8%. El modelo es el mismo de los dos lados. Lo que cambia es que alguien haya diseñado cómo se usa.

Ese diseño es trabajo de ingeniería, y es la parte que se saltea con más frecuencia.

Conclusión

El criterio es el activo

Incorporar la herramienta lleva una tarde. Escribir el criterio que la herramienta necesita para servir de algo lleva meses, y es lo que no se compra hecho.

Resultado: ofertas que entran completas, secciones técnicas revisadas con una segunda mirada antes de salir, problemas de emplazamiento detectados cuando todavía son baratos, y un modelo de cálculo que el cliente sigue usando.

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