Casi todas las conversaciones sobre invertir en Paraguay empiezan del mismo modo: energía hidroeléctrica abundante, de las tarifas industriales más bajas de la región, un país que exporta mucha más electricidad de la que consume.
Todo eso es correcto. Y también es donde la mayoría de los análisis se detiene.
Las tres cosas que vienen después son las que deciden si un proyecto intensivo en capital se construye, y con qué calendario. No son argumentos contra Paraguay. Son variables que un comité de inversión debería incorporar a la debida diligencia, la secuencia de decisiones y la asignación de riesgos antes de firmar.
La tarifa deja afuera tres preguntas distintas: en qué se convierte el costo en la moneda de reporte, si la potencia requerida puede llegar al predio a tiempo, y cómo se establecen realmente las condiciones comerciales. Lo que sigue explica qué le hace cada uno de esos huecos al cronograma del proyecto y a la decisión de sitio.