Una planta industrial sobre el río necesitaba ampliar su predio. El modelo digital del terreno que llegó como antecedente del proyecto mostraba que con una cota de 61,80 metros la lámina de agua se acercaba peligrosamente a las estructuras nuevas. La pregunta del cliente era directa: ¿cuánto más alto hay que rellenar?
Antes de responder, el equipo técnico hizo una pregunta diferente: ¿de dónde viene la cota de ese modelo? El antecedente era un MDT heredado, sin trazabilidad documentada al sistema oficial de referencias altimétricas. Auditar el dato base costaba un relevamiento aerofotogramétrico nuevo y un mojón vinculado a la regla de Villeta y a la Red Geodésica Nacional. Era trabajo extra, presupuesto extra, y otra semana de obra a la espera.
Cuando el modelo nuevo se cargó sobre el predio, la cota crítica se movió. La lámina pasaba diecisiete centímetros por debajo de lo que decía el modelo heredado. El relleno que el cliente estaba a punto de presupuestar no solo era innecesario en su escala original, sino que el problema que pretendía resolver no existía con la misma forma. La estructura no estaba comprometida.
Resultado: tranquilidad de los gerentes y menor coste en la obra proyectada en cuanto a volúmenes de suelos. Y, sobre todo, la decisión se tomó con un dato base verificado contra la red oficial, no contra un modelo heredado de origen incierto.